
Siempre he pensado que las relaciones amorosas son un juego de poker en el que todos apostamos lo mejor de nosotros (sean cualidades que tengamos o que nos inventamos) con la única esperanza de tener la mejor mano de cartas, aunque en este caso sea el amor o solo el deseo de la otra parte. Pero ¿qué ocurre cuando apostamos mal? ¿cuándo perdemos constantemente? ¿cuándo se nos acaban las fichas para seguir con el juego?
El y ella se conocen de la manera más casual. Conversan, ríen y él cree que es una buena idea pedirle el número para, quien sabe en alguna oportunidad, llamarla y salir. Hace su primera apuesta. Ella, esperando la salida prometida decide darle el número con una sonrisa que asegure la llamada. Pasan los días y ella espera, aunque lo niegue frente sus amigas, a que el se comunique. Mira el correo, ve el celular y nada... se comienza a preguntar qué pasó, si le dio bien el número y más excusas que el ingenio (y neurosis) femenina pueden crear. El cree que ya fue mucho tiempo de espera y que su gran apuesta le dará frutos. Le manda un mensaje de texto como-quien-no-quiere-mostrar-tanto-interés, escogiendo las palabras más adecuadas que no den la impresión equivocada. Ella lee el mensaje y decide no responderle bajo la misma idea del poco interés y dándose tiempo de crear una respuesta creativa y sutilmente coqueta. Responde poniendo alguna excusa para el no salir y proponiendo una próxima salida, en el mejor de los casos. El pierde la apuesta.
Podría volver al juego llamando luego, pero ahora las posibilidades de una salida son las mismas de quedarse en casa. Ella podría comunicarse, dar el primer paso siempre y cuando aún tenga las ganas de pasar la noche con él. ¿Quién debe apostar y qué debe ofrecer? Algunos dirán que él porque "está en falta" o porque "ella no puede mostrar interés, de ahí que él se la puede creer y volver a hacerse el difícil."
Si Ella fuera una de mis amigas, lo llamaría "total no tienes nada que perder". Apuesta mayor. Van a tomarse unos tragos, la noche transcurre y los coqueteos, gracias al alcohol, hacen su aparición. El trata de robarle un beso tomándola de la cintura con firmeza y llevándola hacia él, Ella sonríe y le susurra al oído que se tiene que ir. Aunque no lo diga, Ella también tiene ganas del beso pero su manual de poker le dice "utiliza tu sensualidad para asegurar la próxima salida y controla tus impulsos si quieres ir más allá." En este juego la cautela es la mejor manera de conocer al contrincante y saber qué apostar. O quizá lo sea el perder constantemente, las experiencias de los otros jugadores que terminaron tirados en una de las mesas por aquella mezcla fatal de alcohol y depresión... o de los que, por querer engañar sacando una carta bajo la manga fueron expulsados del juego. Entiéndase por esto último no solo un(a) amante, en este caso, sino las ganas de provocar celos en el otro y demás demostraciones fatídicas de amor y autosuficiencia post-rompimiento.
Las relaciones, sean cual sean su duración e historia, siempre serán un constante juego de cartas. Quizá en un primer momento el premio sea quién decide a dónde ir a comer, pero luego serán cosas más complicadas como el tener hijos o no. Quien gane no solo será quien tenga la mejor mano, sino también quien sepa como concertar con el perdedor y quizá esto sea lo más difícil.
Podría volver al juego llamando luego, pero ahora las posibilidades de una salida son las mismas de quedarse en casa. Ella podría comunicarse, dar el primer paso siempre y cuando aún tenga las ganas de pasar la noche con él. ¿Quién debe apostar y qué debe ofrecer? Algunos dirán que él porque "está en falta" o porque "ella no puede mostrar interés, de ahí que él se la puede creer y volver a hacerse el difícil."
Si Ella fuera una de mis amigas, lo llamaría "total no tienes nada que perder". Apuesta mayor. Van a tomarse unos tragos, la noche transcurre y los coqueteos, gracias al alcohol, hacen su aparición. El trata de robarle un beso tomándola de la cintura con firmeza y llevándola hacia él, Ella sonríe y le susurra al oído que se tiene que ir. Aunque no lo diga, Ella también tiene ganas del beso pero su manual de poker le dice "utiliza tu sensualidad para asegurar la próxima salida y controla tus impulsos si quieres ir más allá." En este juego la cautela es la mejor manera de conocer al contrincante y saber qué apostar. O quizá lo sea el perder constantemente, las experiencias de los otros jugadores que terminaron tirados en una de las mesas por aquella mezcla fatal de alcohol y depresión... o de los que, por querer engañar sacando una carta bajo la manga fueron expulsados del juego. Entiéndase por esto último no solo un(a) amante, en este caso, sino las ganas de provocar celos en el otro y demás demostraciones fatídicas de amor y autosuficiencia post-rompimiento.
Las relaciones, sean cual sean su duración e historia, siempre serán un constante juego de cartas. Quizá en un primer momento el premio sea quién decide a dónde ir a comer, pero luego serán cosas más complicadas como el tener hijos o no. Quien gane no solo será quien tenga la mejor mano, sino también quien sepa como concertar con el perdedor y quizá esto sea lo más difícil.


2 comentarios:
Yo tengo muy buenas cartas, lo sé... el problema es que no sé jugar, sobre todo eso de "concertar con el perdedor".
Un mundo... voy a visitar un tutorial.
y hay otra "forma de atraccion", cuando uno de los dos usa la leyd el hielo, SI QUIERE CONMIGO, TIENE QUE SUFRIRLA o PARA QUE LA VOY A LLAMAR SI ELLA ES LA INTERESADA.
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